Opinión

Advierten de potencial conflicto en Ucayali

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En la visita que efectuó el mandatario Martín Vizcarra a la ciudad de Pucallpa, fue abordado por trabajadores de la Refinería Pucallpa (RP), sobre quienes hay una espada de Damocles por un proceso de cese colectivo ya en marcha, debido a la paralización de la planta por falta de insumos para su operación. La solución del problema está exclusivamente en manos del Ejecutivo.

La consecuencia, de no darse una salida, será el despido de no menos de 100 trabajadores que laboran en la mencionada unidad productiva, con sus secuelas en las empresas que brindan servicios y suministros externos.

Se ha reiterado desde principios de año al Presidente de la República y a los que transitaron por el Premierato, la cartera de Energía y Minas y la presidencia de Petroperú, que el origen del problema está en que la petrolera estatal adquiere la totalidad de los insumos requeridos para la producción de la refinería situada en la provincia de Coronel Portillo de la región Ucayali. Es decir, el crudo que explota la árabe-hispana Cepsa en la provincia de Puerto Inca, en la región Huánuco, y de los condensados de gas natural que produce la americana Aguaytía Energy en la provincia de padre Abad, en la propia región Ucayali.

LA RACIONALIDAD NO DEMOSTRADA

La racionalidad económica de llevar el crudo a Iquitos y retornar con combustibles desde allí a Pucallpa, complementada con suministros desde la Refinería Conchán, nunca ha sido demostrada.

Si las nuevas autoridades que están a cargo del manejo del Ejecutivo y de Petroperú, quieren una opinión independiente, soliciten una consultoría externa de una empresa no domiciliada. La puede contratar el Ministerio de Energía y Minas en vía rápida y en menos de un mes tendrán la certeza de lo obvio: no se puede justificar lo que hace hoy la administración de Petroperú, donde los capitostes de turno tienen responsabilidad.

ATENCIÓN

Señores Vizcarra, Villanueva y Atkins: solo una opinión independiente les servirá para tomar decisiones y evitar lo que se avecina, una fuerte protesta regional donde la bandera será el despido, pero donde emergerán todas las expectativas frustradas de una población abandonada por años por las autoridades residentes en Lima, ignorantes de las carencias regionales.

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