Hidrocarburos
Medidas urgentes para reactivar el sector hidrocarburos
Al 30 de junio de 2021, Proinversión ha reportado un saldo de inversión extranjera en el país que alcanzó los 27,684 millones de dólares estadounidenses (US$ 27,684 millones), de los cuales el sector hidrocarburos ha representado un 2%. Según cifras del Banco Central de Reserva del Perú, este sector tendría un crecimiento proyectado del 4% para el año 2021.
Es importante señalar que el sector hidrocarburos cuenta con una agenda pendiente en diversos aspectos que van desde su reactivación económica hasta temas vinculados a la descarbonización de la industria o las tendencias actuales que recientemente han surgido y se vienen implementando en países más desarrollados. En ese sentido, y debido al reciente cambio presidencial, resulta pertinente que se evalúen algunos temas que ya desde hace un tiempo constituyen la agenda pendiente. A tal efecto, es relevante visualizar el panorama actual de la industria de hidrocarburos, la cual ha experimentado en los últimos años varios altibajos que se agudizaron en los inicios de la pandemia global ocasionada por el COVID-19, lo que marcó un hito importante en el sector.
Por ejemplo, uno de los efectos de la pandemia en el sector fue la reducción tanto en la oferta como en la demanda global. Así, la producción mundial total anual de hidrocarburos líquidos en 2019, que ascendió a 100.61 millones de barriles por día (mbpd), pasó a ser de 94.23 millones de mbpd al cierre de 2020. De la misma forma, el consumo total anual en 2019, que fue de 101.18 mbpd, descendió a 92.21 mbpd al cierre de 2020.
En cuanto al año 2021, según estimaciones de la U.S. Energy Information Administration (EIA), se espera que el consumo de combustibles líquidos crezca en 5.3 mbpd este año, después de la disminución registrada en 2020. También se espera un crecimiento sostenido en la producción de combustibles líquidos de 2.47 mbpd para 2021 y 7.61 mbpd para 2022 en comparación con los resultados obtenidos en 2020, como se muestra en los siguientes gráficos.
Otro efecto importante de la pandemia fue el sobreabastecimiento de inventarios de las compañías comercializadoras de hidrocarburos, lo que además produjo el desplome en el precio promedio del petróleo WTI spot FOB, que se encontraba fijado en un promedio de 52 dólares estadounidenses por barril para los años 2019 y anteriores, llegando a descender en promedio hasta 16.55 dólares en mayo de 2020 (el precio más bajo del año y comparable solamente con periodos del año 1999). Sin embargo, para el segundo semestre del año 2020, este precio se estabilizó gradualmente hasta cerrar el año en 42.02 dólares por barril.
Ahora bien, desde enero de 2021, la tendencia del precio spot FOB del petróleo WTI ha sido al alza y no ha parado de incrementar su valor, comenzando el año en 52 dólares por barril hasta llegar a 65.17 dólares por barril en mayo y 76.98 dólares por barril en julio de 2021. El caso del gas natural no es distinto en este escenario internacional, toda vez que, luego de una reducción importante en el precio Henry Hub para los meses de cuarentena total en 2020, se recuperó parcialmente hasta cerrar el año 2020 en 2.59 dólares/MMBTU, inició el 2021 con 2.71 dólares/MMBTU y tuvo una tendencia al alza constante hasta llegar a 3.26 dólares en junio de 2021.
Recientemente se ha presentado un incremento constante en los precios de los combustibles que se originaría en la reducción de inventario de hidrocarburos en Estados Unidos y la oferta mundial. En el caso de Estados Unidos, en la semana del 5 de julio del año en curso, continuó con su octava semana consecutiva de extracción de existencias de crudo, mientras la demanda global sigue creciendo. Sin embargo, la cotización del mayor precio spot FOB del WTI en julio de 2021 se debió a la crisis reciente en la OPEP+ y la lucha entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. En ese contexto, podría esperarse que, incluso cuando la «Variante Delta» del COVID-19 pueda afectar la movilidad y el consumo de hidrocarburos a nivel global, la creciente demanda, la recuperación económica de los países industrializados y la menor producción de petróleo incentiven el incremento de los precios de los hidrocarburos.
Lo antes señalado muestra una industria que aún sigue sufriendo los estragos de la pandemia global, que al inicio generaron inventarios al límite de su capacidad, haciendo que los precios de los hidrocarburos caigan a límites históricos. En la actualidad, por falta de oferta de hidrocarburos, el escenario es de alza de precios.
El escenario internacional ciertamente obliga al gobierno entrante a fijar parámetros de acción para optimizar la industria de los hidrocarburos en el Perú. Aunque se ha venido hablando de cambios en la política de los hidrocarburos, es importante recordar que durante la pandemia no hubo una respuesta proactiva para facilitar la producción y permitir la optimización de costos financieros a las empresas operadoras, como, por ejemplo, ajustes en los pagos de regalías. Además, se fueron sumando diversos problemas internos en proyectos de exploración, como Geopark en el lote 64, así como la salida de Pluspetrol en el lote 8 o la paralización de los lotes 192 y 67 operados por Frontera Energy y Perenco, respectivamente. También en 2020 se registró una menor producción de hidrocarburos líquidos y gas natural, con promedios anuales a nivel país de producción de hidrocarburos líquidos de 115,086 barriles por día (bpd) y 1,016 millones de pies cúbicos por día (MMPCD) en gas natural; sin recuperar los niveles previos a la pandemia, que tuvo un promedio anual al cierre de 2019 de 139,721 bpd en hidrocarburos líquidos y 1,299 MMPCD en gas natural (MINEM, 2021). Todo esto muestra un escenario en el que se requiere implementar diversas medidas para atraer la inversión e incentivar la producción que finalmente pueda promover el desarrollo de la industria de hidrocarburos.
Existen otros desafíos asociados al incremento y la volatilidad de los precios internacionales de los hidrocarburos, que no se controlan localmente y que tienen un impacto en los ciudadanos (consumidores). Por ejemplo, en junio de 2021 se promulgó el Decreto Supremo No. 015-2021-EM, mediante el cual se incluyó al Diesel BX en el Fondo de Estabilización de Precios de los combustibles que fue creado precisamente para evitar que la volatilidad de los precios internacionales de los hidrocarburos termine afectando a los consumidores finales de hidrocarburos en el país. Sin embargo, existen otros hidrocarburos en el mercado que están fuera del fondo y probablemente sigan afectando a los consumidores finales con alzas frecuentes.
Entre otros temas fundamentales para el sector de hidrocarburos se encuentra el manejo y la mitigación de la conflictividad social. La Defensoría del Pueblo, en su Reporte de Conflictos Sociales No. 208, señala que, a junio de 2021, de los 125 conflictos socioambientales activos y latentes registrados durante ese mes, el sector de hidrocarburos es el segundo a nivel nacional con el mayor número de conflictos relacionados con la actividad (26 conflictos), solo después del sector de minería que presenta 80 conflictos, es decir, el mayor número de casos.
Por otro lado, es importante recordar que en diciembre de 2020, el Perú incrementó su promesa de reducción de las emisiones de carbono hacia el 2030 de 30% a 40%, además de convertirse en un país carbono neutral en 2050. Todo ello, en el marco del Acuerdo de París que el Perú ratificó en 2016, por lo que corresponde que el gobierno entrante incremente sus acciones frente al cambio climático e implemente medidas que permitan a las empresas del sector de hidrocarburos incorporar negocios innovadores y acceder a nuevas fuentes de energía que se alineen con los nuevos negocios en el sector energético que se están implementando en el mundo en el marco de la transición energética.
Como se puede apreciar, estos son algunos de los múltiples desafíos para el sector de hidrocarburos. Varios de los ya mencionados no son temas nuevos en un sector en el que la variable «precio» no es un tema que el Perú pueda controlar. En el contexto actual, se requiere una planificación energética consistente en la que se optimicen los recursos naturales en negocios rentables con contenido social y teniendo en cuenta los nuevos desafíos que trae el contexto de transición energética.