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Petróleo y gas mantienen su fuerte avance por la escalada del conflicto en Oriente Medio

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Los precios internacionales del petróleo y del gas natural volvieron a registrar niveles elevados tras la reanudación de los enfrentamientos entre Estados Unidos e Irán en Oriente Medio. La creciente tensión geopolítica amenaza con restringir el suministro energético y aumenta las preocupaciones sobre la inflación mundial, mientras los mercados permanecen atentos a las próximas decisiones de los principales bancos centrales.

El Brent, referencia para el mercado europeo, terminó la semana en US$104,61 por barril para entrega en noviembre. Durante las últimas cinco sesiones, sin embargo, llegó a aproximarse a los US$110, un nivel que no alcanzaba desde el 20 de mayo.

Por su parte, el West Texas Intermediate (WTI), referente estadounidense, cerró en US$100,50 por barril.

Desde el 30 de agosto, cuando Washington y Teherán retomaron los ataques cruzados luego de la expiración del alto el fuego establecido mediante el Memorando de Islamabad, el mercado petrolero ha mantenido una trayectoria ascendente. Uno de los principales factores de preocupación es la alteración del tránsito por el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica por la que circula alrededor del 20% del petróleo mundial.

En apenas 13 días, el Brent acumuló una subida de 17%, mientras que el WTI avanzó cerca de 21%.

El gas también se dispara

El mercado europeo del gas natural tampoco ha sido ajeno a la escalada. El contrato TTF de Países Bajos, utilizado como referencia para las operaciones europeas, terminó la semana en 80,75 euros por megavatio hora (MWh), su nivel más alto desde comienzos de 2023. Durante la semana llegó a rozar los 83 euros por MWh.

Desde la reanudación de los ataques, el precio del gas acumula un incremento de aproximadamente 22%.

El encarecimiento de esta materia prima representa además un desafío para los países de la Unión Europea, que deben avanzar con el almacenamiento de gas de cara a los próximos meses en un contexto de menor dependencia del suministro ruso. Esta situación incrementa su exposición a posibles alteraciones del mercado internacional.

Manuel Pinto, analista de XTB, señaló a EFE que las restricciones en el estrecho de Ormuz afectan especialmente a las exportaciones de gas de Qatar, obligando a compradores europeos y asiáticos a competir por una oferta más limitada.

Mayor presión sobre la energía y la inflación

El actual escenario se produce después de que el 17 de junio los presidentes de Estados Unidos, Irán y Pakistán suscribieran el Memorando de Islamabad, mediante el cual se acordó un alto el fuego provisional de 60 días para facilitar las negociaciones destinadas a alcanzar un acuerdo de paz.

La tregua terminó el 17 de agosto. Durante ese periodo, los ataques no desaparecieron completamente y los precios del crudo mostraron importantes fluctuaciones. El Brent llegó a descender hasta US$70,14 por barril, mientras que el WTI alcanzó los US$68,55, niveles registrados antes del inicio del conflicto.

La posterior reanudación de las hostilidades abrió un nuevo escenario para los mercados energéticos, con el petróleo consolidándose nuevamente por encima de los US$100 por barril.

Según Pinto, los ataques también se han extendido hacia otros países de la región, entre ellos Arabia Saudí, aumentando los riesgos sobre la infraestructura energética de Oriente Medio.

El especialista advierte que una menor disponibilidad de crudo, junto con la posibilidad de que las restricciones en el estrecho de Ormuz se prolonguen más de lo previsto y el incremento de las compras de petróleo por parte de China, podría mantener la presión alcista sobre los precios.

El impacto no se limita al mercado petrolero. Un gas más caro eleva los costos de generación eléctrica y termina afectando tanto a los hogares como a las empresas. A su vez, el aumento del petróleo repercute directamente en los precios de los combustibles.

Este encarecimiento de la energía puede traducirse en mayores presiones inflacionarias a nivel global, lo que podría condicionar las decisiones de política monetaria de los bancos centrales.

Los bancos centrales, bajo presión

En este contexto, los mercados también siguen de cerca las decisiones de las autoridades monetarias. El Banco Central Europeo (BCE) elevó los tipos de interés en 25 puntos básicos, hasta el 2,5%. Su presidenta, Christine Lagarde, evitó anticipar futuras medidas, aunque advirtió que la inflación podría mantenerse por encima del objetivo durante un periodo prolongado debido a los efectos de la guerra en Irán.

Ahora, la atención de los inversores se concentra en la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), que dará a conocer su decisión tras la reunión prevista para el 16 de septiembre.

En Estados Unidos, el índice de precios al consumidor (IPC) de julio se ubicó en 3,4%, mientras que la inflación subyacente descendió una décima y se situó en 2,4%.

De esta manera, la evolución del conflicto en Oriente Medio y su impacto sobre el suministro de petróleo y gas se convierten en factores determinantes para los precios de la energía, la inflación y las próximas decisiones de los bancos centrales.

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