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¿El Mundial 2026 te está quitando el sueño? Estas son las consecuencias de dormir menos de lo necesario

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La expectativa por los encuentros, el tiempo frente a pantallas y la dificultad para desconectarse después de los partidos pueden alterar el descanso. Cuando esto se vuelve recurrente, puede afectar la salud física y mental. 

Con el Mundial 2026 en plena competencia, miles de aficionados siguen de cerca cada partido, comentan las jugadas en redes sociales, revisan estadísticas o permanecen atentos a los resultados incluso después del pitazo final. Si bien se trata de una situación temporal, la emoción propia del torneo, el mayor tiempo frente a pantallas y los cambios en la rutina pueden afectar la calidad del descanso.

Dormir mal ocasionalmente es común, pero cuando la dificultad para conciliar el sueño, los despertares nocturnos o la sensación de descanso no reparador ocurren al menos tres veces por semana durante más de tres meses, podría tratarse de insomnio crónico.

El sueño es un proceso biológico esencial: regula hormonas, consolida la memoria y activa mecanismos de reparación celular. Alteraciones persistentes aumentan el estrés y afectan funciones cardiovasculares y metabólicas.

«El insomnio sostenido incrementa el riesgo de hipertensión, enfermedades cardiovasculares, alteraciones en la glucosa y trastornos como ansiedad y depresión. No es simplemente una mala noche, es un problema de salud que puede volverse crónico si no se aborda adecuadamente y a tiempo», señala el Dr. Darwin Vizcarra, Neurólogo y especialista en Medicina del Sueño de Clínica San Felipe.

En lo cotidiano, la falta de descanso reduce concentración, tiempo de reacción y capacidad de tomar decisiones, aumentando errores laborales, menor rendimiento académico y riesgo de accidentes.

A continuación, el especialista en Medicina del Sueño de Clínica San Felipe comenta algunos síntomas que deberían motivar una consulta médica:

  • Tardar más de 30 minutos en dormirse con frecuencia.
  • Despertarse varias veces por la noche sin poder volver a dormir.
  • Sensación de sueño no reparador.
  • Cansancio que interfiere con el trabajo o actividades diarias.
  • Dependencia de medicamentos para dormir.

Asimismo, comparte algunos hábitos cotidianos pueden estar agravando el problema sin que la persona lo perciba:

  • Uso de celulares o computadoras antes de dormir.
  • Café o bebidas energizantes por la tarde o noche.
  • Horarios irregulares de descanso.
  • Trabajar, comer o ver televisión desde la cama.

Modificar estas conductas es parte del tratamiento. La terapia cognitivo-conductual para el insomnio es una de las intervenciones más efectivas y no siempre requiere medicación.

Otros trastornos, como la narcolepsia, evidencian la importancia del diagnóstico oportuno, provoca episodios súbitos de sueño durante el día, incluso en actividades que requieren alerta, como conducir.

«La creencia de que dormir poco es sinónimo de productividad ha normalizado el insomnio. Entender que vivir agotado no es normal es el primer paso para prevenir complicaciones y recuperar no solo horas de sueño, sino también salud y calidad de vida», afirma el Dr. Vizcarra.

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