Internacionales
Vaca Muerta, Bolivia y el ejemplo para no repetir

Hace diez años, en 2014, Bolivia era un ejemplo para Latinoamérica. Especialmente para el progresismo interesado en los buenos modales con el mundo financiero. El 12 de octubre de ese año, Evo Morales era reelecto por el 61,3% de los votos, obteniendo mayorías legislativas envidiables. En medio de dudas por sus intenciones socializantes, había llegado a la presidencia en enero de 2006. Sin embargo, en aquel 2014 mostraba, orondo, que no solo era reelecto, sino que tenía a los mercados bajo su dominio. Una semana antes de las elecciones, su entonces ministro de Economía, Luis Arce, colocaba deuda en los mercados financieros internacionales por unos US$ 400 millones y pagaba una tasa del 3,7% anual. Una de las más bajas del continente. Mostraba ante el mundo que se podía ser bolivariano, hablar de revoluciones y hasta nacionalizar campos y empresas, e igual conseguir dólares baratos. Todo era posible por un dato irreductible: Bolivia exportaba 6.624 millones de dólares en metros cúbicos de gas natural, rompiendo un récord histórico y generando reservas para el Banco Central de Bolivia por un acumulado de US$ 15.200 millones. Otro récord. Todo era esperanza. Se hablaba de un Evo eterno y de una nación que podía dar, por fin, un paso adelante. En definitiva, había dos compradores de ese gas que no podían fallar: Argentina y Brasil. Al primer país, siempre en emergencia energética, se le había vendido cada año de urgencia impostergable gas natural a precio más alto que el del mercado, por unos US$ 22 mil millones.
La Bolivia de diez años después no cumplió ese mandato histórico inevitable. Una crisis interminable entre el ahora presidente, Luis Arce, y Evo Morales paraliza al oficialista Movimiento al Socialismo y amenaza con asonadas militares y civiles. A favor y en contra de cada uno. Todo esto, además de causas judiciales cruzadas donde se habla de corrupción, traición a la patria y abuso de menores. En 2023, las exportaciones de ese país llegaron a los 2.058 millones de dólares (69% menos que diez años antes), con reservas en el Banco Central de Bolivia en US$ 1.905 millones (87,5% por debajo de 2014). ¿Qué pasó en Bolivia? Simplemente, se acabó el gas. Simplemente, porque no hubo reinversión. Ni pública ni privada. Ni latinoamericana ni de fuera de la Patria Grande. Y no porque el sistema bolivariano lo haya impedido. A Bolivia se le caen las reservas, y el riesgo de invertir en el rubro en medio de semejante crisis política y económica, hace inviable el desembarco.
Muy cerca, hay una opción más atractiva: Vaca Muerta. Argentina está frente a la oportunidad de convertirse en el principal polo exportador de gas a la región, desplazando a Bolivia y transformándose en el primordial proveedor del combustible al gigante económico de la comarca: Brasil. Solo habría que elegir la vía: a través de los mismos ductos ya instalados en Bolivia, a través de Paraguay gracias a inversiones privadas de ese país o desde territorio argentino a partir de un nuevo gasoducto que conecte ambos países a través de Uruguayana. O una combinación de los tres. Es un proyecto que tendrá que definirse en los próximos años. Lo cierto es que Argentina dejará de importar gas de Bolivia y con esto se ahorrará desde 2025 entre US$ 4 mil y 5 mil millones anuales.
Algo de esto fue mencionado por el empresario Damián Mindlin, presidente de Sacde. Dijo el lunes pasado que el país daba “fin a un hecho sin sentido. La Argentina importó 20 mil millones de dólares de gas boliviano en los últimos veinte años, cuando podíamos abastecer el norte con el gas de Vaca Muerta, con trabajo argentino, con inversiones en nuestro país y sin dilapidar divisas”.
Mindlin se refería a la inauguración de la reversión del Gasoducto del Norte con las obras del Gasoducto de Integración Federal Tío Pujio-La Carlota, que une el Gasoducto del Centro con el Gasoducto del Norte, y que comenzó a inyectar gas de Vaca Muerta hacia el norte del país. Con esto se pudo revertir el sentido del flujo del gas desde Bolivia hacia provincias como Córdoba, Salta, Jujuy, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja y Tucumán. Y que, además, podrá darle energía a la explotación argentina de litio en Salta y Jujuy. La obra de Sacde (Grupo Mindlin) y Techint incluyó la construcción de un gasoducto de 122,8 km de 36 pulgadas de diámetro, entre La Carlota y Tío Pujio, para conectar los gasoductos Centro-Oeste y Norte, y dos ampliaciones (loops) entre Tío Pujio y Ferreira de 64 km, con cañerías de 30 pulgadas de diámetro. Demandó una inversión de US$ 740 millones, de los cuales US$ 40 millones fueron financiados por un préstamo del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe; con lo cual el país aportó, solo, unos 200 millones de dólares. Los que probablemente hayan sido los únicos dólares de todo el primer año de Javier Milei destinados a la obra pública. El próximo año probablemente le abrirá a la Argentina la puerta al millonario negocio de envío de gas natural a Brasil. Esto, solo si las obras continúan. Sin embargo, para este destino no hay dinero programado en el proyecto de Presupuesto 2025. Por lo que se sabe, para esta y otras ideas, el Gobierno se niega a destinar fondos, ya que se considera que este tipo de cuestiones no son responsabilidad del Estado, sino del sector privado. Creen dentro del gabinete que las obras correspondientes al transporte de gas natural desde Vaca Muerta a cualquier destino deben ser financiadas por los privados interesados. Y que el mercado financiero voluntario local e internacional está hoy en condiciones de aportar créditos a tasa razonable como para acelerar estos proyectos. La idea oficial es que el resto de los ductos se concreten con la aplicación de la iniciativa pública-privada, a la chilena. Esto es, que el privado aporte la inversión y reciba una rentabilidad directa sobre la obra, cobrada a los beneficiarios. En este caso, las constructoras civiles trazarían e instrumentarían los gasoductos y oleoductos, para que luego las petroleras que utilizarán la estructura cobren por su uso. Se daría una curiosidad. Dado que las principales constructoras civiles del país y las petroleras son las mismas empresas, los que las ejecuten y los que utilicen los ductos podrían ser los mismos grupos empresarios.
Mientras tanto, es tiempo de presentación de resultados de la actividad del tercer trimestre del año en las empresas energéticas vinculadas a Vaca Muerta. Y se confirma que se están rompiendo nuevos récords. Informó el viernes YPF que, durante el tercer trimestre, la producción de petróleo shale promedió los 126 mil barriles por día, lo que implica un crecimiento del 36% respecto al mismo período del año anterior y un 11% respecto al segundo trimestre de este año; y que representa el 49% de la producción de petróleo total de YPF. La petrolera es además ya la principal exportadora de petróleo del país y su acción ronda los US$ 28. Esto quiere decir que la compañía vale más de US$ 12 mil millones, precio superior al momento de la reestatización de la petrolera durante el gobierno de Cristina Kirchner.
También Pampa Energía mostró números y hay una actividad un 8% superior que un año atrás. Cifras similares preparan para presentar en sociedad Pan American Energy y el grupo Techint. En Vaca Muerta están también presentes las argentinas Pluspetrol y Vista, que rompe récords en Wall Street. Entre las extranjeras están Shell, Total, Chevron, Exxon, Petronas, Dow, Wintershall y Harbour Energy. Todas en su mejor momento en el país. La semana próxima podría definirse quién será el socio de YPF en la planta de GNL en las costas patagónicas de Río Negro, ante la sospecha de que los malayos de Petronas podrían retirarse del proyecto.
Hasta los precios internacionales ayudan. Con el panorama poselección de Donald Trump, y empujados además por el conflicto en Israel, los precios del petróleo y el gas continúan en ascenso.
Todo marcha con viento a favor. Solo queda que la clase política tome conciencia sobre la seriedad del asunto. Y de la necesidad de no repetir la historia de Bolivia. Hay tiempo. Se afirma que hay Vaca Muerta por treinta años más.
En los días previos y durante la planificación del Día D (6 de junio de 1944), el primer ministro británico Winston Churchill estaba ofuscado porque no podía convencer al presidente de EE.UU., Franklin Delano Roosevelt, de su estrategia sobre cómo llegar a la orilla francesa del Mar del Norte. El inglés pensaba en un gran desembarco, a todo o nada. El norteamericano era más conservador, y especulaba con un largo bombardeo constante, antes de llevar a sus tropas al territorio dominado por los alemanes. Churchill, quejoso, lanzó una frase que quedaría en la historia: “Siempre es sabio mirar adelante, pero difícil es mirar más lejos de lo que tus ojos pueden alcanzar”.
Fuente: Infobae
GLP
Gasnova: Reducir la pobreza energética podría generarle a Colombia un ahorro estimado de US$13.877 millones

El experto internacional peruano Carlo Renato De Los Santos analizó el rol del Estado frente a la pobreza energética y destacó al GLP como una opción costo-eficiente para ampliar el acceso a energía en poblaciones vulnerables.
En el marco del 8.º Congreso Internacional del GLP, realizado en el Club El Nogal de Bogotá, el experto internacional peruano Carlo Renato De Los Santos abordó la problemática de la pobreza energética en América Latina y su impacto sobre el desarrollo humano, destacando la necesidad de una intervención articulada entre el Estado y el sector privado.
Durante su exposición, De Los Santos explicó que la pobreza energética es un fenómeno multidimensional que trasciende el acceso a un energético y tiene efectos directos sobre las condiciones de vida, la salud, el desarrollo económico y la productividad de las poblaciones más vulnerables.
GLP presenta mayor costo-eficiencia
Uno de los aspectos centrales de su análisis fue la diferencia en los costos de acceso entre el GLP y el gas natural por redes. Según los datos presentados, conectar a una familia mediante cilindros de GLP representa un costo aproximado de US$295, incluido el consumo anual, mientras que una conexión a una red de gas natural demanda alrededor de US$976.
Esta diferencia, sostuvo, convierte al GLP en una alternativa que permite ampliar la cobertura energética de manera más rápida y con menores requerimientos de inversión, particularmente en zonas donde la infraestructura de redes todavía no está disponible.

Impactos sociales y ambientales
El especialista también destacó los beneficios asociados a la transición del uso de leña hacia el GLP. Además de contribuir a detener la deforestación, este cambio permite reducir la exposición al humo y, con ello, la morbilidad asociada a enfermedades respiratorias.
Otro impacto relevante se produce sobre el tiempo destinado por las mujeres rurales a las labores domésticas. De acuerdo con los datos expuestos, el acceso a GLP puede representar un ahorro de entre tres y cuatro horas diarias de trabajo no remunerado, liberando tiempo para actividades productivas, educativas o de cuidado.
En el caso colombiano, De Los Santos señaló que reducir la pobreza energética podría generar un ahorro estimado de US$13.877 millones, cifra que evidencia el impacto económico que puede tener una política efectiva de acceso a energía moderna.

Focalización y articulación público-privada
Frente a este escenario, el experto planteó que las políticas para combatir la pobreza energética deben sustentarse en una adecuada focalización de los recursos, de modo que los beneficios lleguen efectivamente a las poblaciones que más los necesitan.
“Reducir la pobreza energética requiere una adecuada focalización y, sobre todo, un trabajo articulado entre el Estado y el sector privado”, sostuvo.
De Los Santos remarcó que el GLP constituye una alternativa accesible, eficiente y de rápida implementación, capaz de contribuir a mejorar la calidad de vida de los sectores vulnerables y avanzar en la reducción de las brechas de acceso energético en América Latina.

Internacionales
“Proteja a la gente: no distorsione los precios”: mensaje de James Rockall, CEO de World Liquid Gas Association

Este fue el mensaje central que dejó la conferencia del director del gremio mundial del GLP, que participó en el 8° Congreso Internacional del GLP – GASNOVA “Energía en crecimiento”.
Durante el desarrollo de la segunda jornada del 8° Congreso Internacional del GLP organizado por GASNOVA, James Rockall, CEO de la World LPG Association (WLGA), enfatizó que un marco regulatorio basado en la libre empresa, un precio funcional y una competencia real son los motores esenciales en cualquier país para transformar y garantizar el suministro de Gas Licuado del Petróleo (GLP) a los sectores residencial, comercial e industrial.
En su conferencia «Haciendo que los mercados del GLP sean funcionales», Rockall señaló que las políticas públicas deben enfocarse en un diseño de mercado que asegure que el sector privado tenga las reglas adecuadas para invertir y para operar de manera eficiente.
El líder gremial internacional desmitificó la efectividad de los subsidios universales, argumentando que un precio artificialmente bajo suprime las decisiones de inversión privada en todos los eslabones de la cadena de suministro, desde la producción e importación hasta el llenado y transporte. «Un precio que es demasiado bajo para sostener el suministro es inalcanzable si el cilindro no está disponible», sentenció Rockall, explicando que la voluntad operativa de la industria desaparece cuando el margen de retorno es inviable, lo que termina perjudicando directamente al consumidor final. Debe subsidiarse directamente a los usuarios que realmente lo necesitan y no al producto.
La evidencia internacional compartida por la WLGA, respaldada por estudios del Banco Mundial, demuestra que los subsidios universales a todos los usuarios suelen ser capturados desproporcionadamente por usuarios comerciales o familias de mayores ingresos, abriendo la puerta al contrabando, la escasez y el mercado negro. Como referente en América Latina, Rockall destacó la evolución regulatoria de Brasil, que tras enfrentar el peso fiscal de subsidios universales insostenibles, implementó el programa «Gas do Povo». Este modelo es un caso de éxito al focalizar el apoyo estatal de manera directa y exclusivamente en los hogares vulnerables, separando efectivamente la política de acceso social, de la política de fijación de precios.
Al analizar el panorama energético colombiano, el CEO de la WLGA comentó que el país cuenta con un mercado en gran medida libre y funcional que no requiere intervenciones disruptivas. Destacó que, si bien Ecopetrol ha tenido su precio de venta regulado, hoy solo suple el 30% – 40% de la demanda. El volumen restante proviene de importaciones a precios de mercado que fomentan un ecosistema altamente competitivo. Es en este eslabón donde las empresas han asumido un rol logístico y comercial protagónico, que garantiza el acceso en el 98% del territorio colombiano.
El marco regulatorio ideal, según la visión global de la WLGA, requiere una regulación activa pero objetiva que apunte a resultados concretos: seguridad en el manejo del producto, fomento legal de la libre competencia, y protección a los usuarios a través de estándares predecibles. Proteger a las personas, no distorsionar los precios, es el pilar para que el GLP mantenga su condición de asequibilidad, seguridad y sostenibilidad en el tiempo.
Finalmente, Rockall invitó a la industria latinoamericana de GLP a actuar ahora y seguir uniendo esfuerzos de manera articulada para construir resiliencia frente a la incertidumbre global. Estos debates regulatorios y operativos sobre seguridad y suministro continuarán marcando la agenda mundial del sector durante la Liquid Gas Week, cumbre que se celebrará en Estambul del 12 al 16 de octubre de 2026.

GLP
El GLP como eje de la transición energética en Colombia

La Experta Comisionada de la CREG, Angela Álvarez, participó con la conferencia “Asuntos regulatorios del GLP en Colombia” en la primera jornada del 8° Congreso Internacional del GLP – GASNOVA, el 19 de agosto en el Club El Nogal.
Bogotá, 19 de agosto de 2026.— El Gas Licuado de Petróleo (GLP) está llamado a ampliar su participación en la transición energética de Colombia, no solo como combustible para los sectores residencial o el industrial, sino también en movilidad y atención de las necesidades energéticas de zonas no interconectadas. Así lo planteó Ángela Patricia Álvarez Gutiérrez, Experta Comisionada de la CREG, durante la agenda académica del 8º Congreso Internacional del GLP “GLP, energía en crecimiento”, organizado por GASNOVA.
Uno de los principales retos identificados es garantizar el abastecimiento del energético. Según Álvarez, actualmente cerca del 46% del GLP corresponde a producción nacional y el resto es importado, lo que plantea la necesidad de fortalecer la infraestructura y contar con mayores capacidades de almacenamiento estratégico. También señaló la importancia de evaluar nuevas alternativas de importación, particularmente desde el Pacífico, para reducir vulnerabilidades logísticas y facilitar el suministro hacia el sur del país.

En materia regulatoria, la CREG avanza en un sandbox regulatorio para la intercambiabilidad de cilindros entre empresas, cuya regulación inicial fue expedida recientemente. El piloto tendrá una duración de seis meses y contempla la definición de regiones, selección de participantes y un esquema que permitirá a las empresas vinculadas movilizar cilindros entre distintas zonas del país.
Álvarez también destacó una nueva oportunidad para el GLP en la generación de energía en zonas no interconectadas, donde actualmente el diésel tiene un papel predominante. La propuesta de la CREG evalúa al GLP como combustible complementario de fuentes como la solar, eólica, hidroeléctrica y, cuando sea posible, geotérmica, para avanzar en el reemplazo progresivo de la generación basada en diésel.
La movilidad constituye otro frente de expansión. La Comisionada puso como referencia el caso de NautiGLP, iniciativa que demuestra el potencial del energético para reducir la contaminación en cuerpos de agua y que contempla el uso de GLP en 59 embarcaciones. Para la CREG, este tipo de experiencias abre la posibilidad de ampliar el uso del energético en otros mercados del país.
En los hogares, el desafío sigue siendo significativo: más de 1,6 millones de hogares colombianos aún utilizan leña para cocinar, una práctica que tiene impactos ambientales y sobre la salud. En este contexto, la CREG también incorpora el GLP por redes dentro de la nueva regulación, con el propósito de ampliar las alternativas de suministro y facilitar su llegada a los hogares.
La Experta Comisionada hizo finalmente un llamado a articular regulación, política pública y sector privado para ampliar los usos del GLP y consolidarlo como una alternativa fortalecida dentro de la transición energética. “La necesidad de ampliar los servicios y utilización del GLP nos da la pauta, nosotros regulamos y con ustedes construimos un mejor país”, afirmó Álvarez.

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